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martes, 30 de enero de 2018

EL FIN DEL J****O MUNDO

Llega la Super Bowl, lo que en muchos sentidos supone el fin del mundo para los que seguimos la NFL. Para empezar porque este año los Patriots pueden poner la guinda a su dinastía alcanzando a los Steelers como la franquicia con más Super Bowls ganadas, eso sí, con la diferencia de que las seis las habrían conseguido con en mismo entrenador y el mismo quarterback, una hazaña sólo al alcance de Bill Belichick y Tom Brady. También sería el fin, pero en este caso de la sequía de títulos para los Philadelphia Eagles, que son una de las trece franquicias que nunca han ganado una Super Bowl, lo que para una ciudad tan deportiva como Philly sería todo un hito. Y todavía una razón más para hablar del final del mundo y es que después del duelo entre New England y Philadelphia nos esperan 214 larguísimos días sin partidos oficiales de la NFL, pero de eso ahora mejor ni hablamos.

Por suerte, todavía nos queda el partido de los partidos, el mejor de todos, los fuegos artificiales: la Super Bowl, el fin del mundo en lo que a fútbol americano se refiere. Aunque este evento es mucho más que fútbol americano, claro está; los cazas volando sobre del estadio en el segundo preciso del himno, los anuncios más caros –y excelentes- del planeta, las estrellas musicales actuando en el show del descanso, las más de mil millones alitas de pollo que se consumen durante el partido, los más de 130 millones de dólares que se juegan en apuestas… Estamos hablando de algo que va mucho más allá del que deporte, es la quintaesencia de la cultura y la sociedad estadounidense, pero es el deporte lo que mueve y da sentido a una cita de dimensiones monumentales.

Patriots contra Eagles. Boston contra Philadelphia. Dos de las principales ciudades de EE.UU. en lo que a deporte se refiere. Si de deportes americanos hablamos, se miden la 2ª ciudad que más campeonatos ha ganado –sólo por detrás de Nueva York, pero Boston no tiene ni 700.000 habitantes y NYC cuenta con más de 8 millones y los Yankees- contra la 7ª en títulos en las ‘Mayors’. Ahora bien, si limitamos la conversación a la NFL la cosa lógicamente cambia, pues se mide una franquicia que ha logrado girar su destino de eterna perdedora para fundar una de las más importantes dinastías del deporte americano contra otra que todavía no conoce las mieles del éxito en lo que a trofeos se refiere. De ahí que los aficionados que rezan el #GoBirds estén tirando del imaginario underdog de la ciudad relacionado principalmente con Rocky Balboa y que a los ya tradicionales ‘memes’ de Belichick y Brady como el emperador galáctico y Darth Vader se hayan unido los de Rocky con la camiseta eagle e Ivan Drago con la patriot, entre otros.

Pero no hay que confundirse. Lo que en el contexto y la historia puede perfectamente asociarse a David contra Goliat, en lo deportivo, en lo que al juego se refiere, las cosas están mucho más igualadas de lo que parece. Aunque las apuestas estén ½ a favor de Patriots y les otorgen 4 puntos de margen, a mí se me antoja un partido mucho más parejo, una lucha de poder a poder. La experiencia frente a al bloque más sólido de la NFL. Realmente son dos grandes bloques, el de New England construido en base a una filosofía del esfuerzo y del colectivo, ese #DoYourJob de Bill Belichick, donde nadie –o casi nadie- está por encima del grupo; frente a unos Eagles que han cimentado su unión en la falta de confianza constante que han sufrido desde que perdieron por lesión a su QB estrella y candidato al MVP Carson Wentz. Un inmensa mayoría les dio por muertos y anuló sus opciones en playoffs olvidando la cantidad de virtudes que tenían como equipo y ante esta adversidad han salido mucho más reforzados. Malcolm Jenkins gritaba en el centro de la piña previa al comenzo de la final de conferencia: “Esta falta de respeto no la vamos a tolerar. Llevan todo el año diciéndonos lo que no podemos hacer. Vamos a enseñarles lo equivocados que están” mientras a su alrededor toda la defensa se volvía completamente loca de motivación y ‘hype’. Eso resume el estado de ánimo actual de Philadelphia: una bestia herida en su orgullo y preparada para responder a esa afrenta.

Los Eagles saben lo que tienen que hacer. Deben mantener a Tom Brady lo más incomodo posible durante el máximo tiempo posible. Cortar su ritmo en el pocket, meterle prisa, golpearle, que sepa que tiene una amenaza constante llegando hasta él. No dejarle ni respirar. El front seven de los Eagles es capaz de esto, pero también es cierto que enfrente tienen a un quarterback que ha llegado a ser el mejor en la lectura de defensas y como Brady les pille, les puede hacer polvo.

El emperador Belichick y su aprendiz Brady
Y es que pasados ya los 40 años de edad la leyenda de Tom Brady no hace más que crecer y estos New England Patriots han demostrado los últimos años una de las mejores versiones de sí mismos –a pesar de las grietas mostradas durante esta temporada-. Llegados a estas instancias son temibles porque conocen la situación mejor que nadie, están familiarizados, acostumbrados a ella y esto es una gran ventaja. Una Super Bowl no es un partido normal, no es un partido más y millones de estímulos externos pueden despistarte; pero durante el calentamiento de cada Super Bowl se escucha a Brady gritando a sus compañeros que esto es otro día en la oficina y, a la vez, que tienen que dejarse la vida si quieren ganar. Eso es Tom Brady por encima de todo, no es el mejor atleta, no es el brazo más potente. Es el mejor competidor. Lo que le ha llevado a lo más alto es su manera de competir, su capacidad de sacar lo mejor de sí mismo cuando llega la hora de de la verdad, cuando más difíciles se ponen las cosas. Donde otros se arrugan él ofrece su mejor versión. Por eso es el mejor de todos los tiempos. Ejemplos claros de ello tenemos en el último partido que ha disputado, remontando un 10-20 en el último cuarto de la final de conferencia –donde si le cortan un brazo y de repente descubrimos que es un ciborg no me llevaría ninguna sorpresa- y también en la última Super Bowl, donde su liderazgo y talento permitió remontar 25 puntos de desventaja en apenas cuarto y medio.

Estamos hablando de un mito, de una leyenda viviente del deporte, alguien del que dentro de 20 años hablaremos como hoy hablamos de Michael Jordan (de hecho, el debate en EEUU sobre quién es más grande de los dos se desarrolla estos días en todo su esplendor) y en esta Super Bowl puede poner la guinda a su legado y por supuesto al de Bill Belichick y su filosofía. Porque, ¿quién era Danny Amendola? Hoy tan de moda, Danny Playoffs; ¿quién era Julian Edelman?, ¿quién era Dion Lewis? Y estas preguntas podríamos llevarlas casi al infinito, con Wes Welker, Deion Branch, Teddy Bruschi… Incluso con Tom Brady. ¿Quién era Tom Brady? Un QB al que le costó asegurarse la titularidad en la universidad de Michigan, del que se rieron en la Combine, que salió en las profundidades de las sexta ronda del draft, en el puesto 199 y que se encontró en su segunda temporada en la liga con una estrella como Drew Blesoe lesionándose y teniendo que salir a jugar… para acabar ese mismo año ganando la Super Bowl con unos Patriots en forma de Cenicienta frente a los todopoderosos Rams del ‘The Greatest Show on Turf’.

Conviene no olvidar la historia. Porque cuando hablamos de que Philadelphia se presenta en esta Super Bowl con un quarterback backup, con un suplente al frente del equipo, parece que no recordamos que Tom Brady estuvo en ese lugar y se creía aún menos en sus posibilidades que en las que tiene actualmente Nick Foles. Un Nick Foles cuya actuación se antoja clave. Es muy posible que Belichick y Patricia le pongan en la tesitura de que si Philadelphia quiere ganar el partido sea con Foles como protagonista. Veremos cómo reacciona ante ello, porque en la final de conferencia jugó un partido de estrella. No podemos obviar tampoco el sensacional trabajo de Doug Pederson en la toma de decisiones durante estos playoffs, que ha facilitado mucho la vida a Foles y a todo el equipo. Lo cierto es que hay que dar un inmenso crédito al head coach de los Eagles en todo lo que están consiguiendo.

Hay tantas cosas en las que fijarse en esta Super Bowl, se presenta tan apetecible… Brady contra la defensa de Eagles, el nivel que dará Foles, sí, pero además podremos ver a dos de los mejores TE de la liga con Gronkowski y Ertz, la batalla de dos cuerpos de receptores y dos secundarias de primer nivel. El juego de carrera de Philadelphia, hasta los equipos especiales puden jugar un papel fundamental. Es un partido que lo tiene todo.

El Halftime Show

Por tener, la Super Bowl tiene hasta concierto en el descanso. El concierto más visto del planeta cada año y aunque tengamos la sensación de que esto ha sido así toda la vida, los conciertos con estrellas musicales sólo se vienen celebrando desde 1991. Antes de ello eran bandas de música, ‘marching bands’, las que actuaban y fueron los New Kids On The Block los que estrenaron este formato. Desde entonces, nos pueden venir a la memoria conciertos míticos de Michael Jackson, Bruce Springsteen, U2, Tom Petty o Prince y también otros… bueno, otros que quizá hemos olvidado más rápido. Curiosamente ésta es la tercera vez que Justin Timberlake actuará en el show del descanso, la primera de ellas fue en el (olvidable) concierto que dieron Britney Spears y N’Sync y después como invitado de Janet Jackson –precisamente Justin fue quien le dejó un pecho al descubierto con la consiguiente gigantesca polémica puritana que arrastró- . Ahora será por primera vez el protagonista y a mí sinceramente me apetece, por suerte su carrera se ha distanciado mucho de aquellos primeros pasos en una boyband y creo que puede dejar un buen show. No obstante, pienso que la Super Bowl tiene deudas pendientes y fácilmente me vienen a la cabeza Foo Fighters o Lenny Kravitz, a los que yo preferiría ver antes que a la estrella pop de turno. Pero como para gustos los colores, en eso se suele repartir bastante juego e intercalar las dos opciones, así que con un poco de suerte algún día les tocará.

El show del descanso es algo inherente a este partido pero es después del mismo cuando viene lo que de verdad nos gusta y es el momento en el que se decide el trofeo que quizá habría que ir pensando en llamar Bill Belichick en vez de Vince Lombardi. El año pasado tuvimos la mayor remontada de la historia y si este año el partido está emocionante, la cosa promete emociones fuertes otra vez. Éste partido suele ser la mejor manera de reclutar aficionados para la NFL, porque si te da el ‘picorcito’ este deporte ya no te suelta.

Estamos ante el deporte con los mejores atletas del mundo, hace unos años leí un reportaje que explicaba que si los jugadores más veloces y más fuertes de la liga hubieran enfocado sus carreras al atletismo, podríamos haberles visto en finales olímpicas de varias disciplinas -100 metros, salto de longitud, lanzamiento de peso-, pero claro, se gana mucho más dinero en la NFL. A la vez, estamos ante el deporte más democrático, pues tiene una función para todo el mundo; gordos y flacos, altos y bajos, rápidos, fuertes, listos, hábiles con las manos y hasta con los pies. Este deporte lo puede jugar cualquiera independienmente de sus características físicas, eso sí, sin ética de trabajo y carácter de superación, vete olvidando.

En definitiva, que para los que nos gusta esto llega el fin del mundo, el partido que todos estábamos esperando y el punto y final a una temporada que una vez más ha sido maravillosa, especialmente durante los playoffs. Así que guardemos para este domingo todas las ganas de emocionarnos y vibrar con la NFL, colaboremos –cada uno en su medida y con lo que le guste consumir- en acrecentar las estadísticas de refrescos, cervezas, pizzas, hamburguesas, alitas y demás productos consumidos que se cuantifican cada año y por encima de todo disfrutemos al máximo por última vez esta temporada de un deporte que cada día nos atrapa más, que cada día reúne más gente en este país y queremos que sean más. Así que si vais a ver el partido con alguien que no conoce mucho la NFL, haríais bien en tomaros la molestia de explicarle bien el contexto, las normas básicas y ayudarle a coger el ritmo; porque una vez lo coja y se enganche… Ya no hay vuelta atrás.

Iker Sagasti
@sagastiker



jueves, 2 de noviembre de 2017

LA ILUSIÓN REGRESA A EMERALD CITY


No han sido Dorothy y Totó los que han recorrido esta vez el camino de las baldosas amarillas, sino el veterano tackle Duane Brown el que ha puesto rumbo a la Ciudad Esmeralda y lo hace para ver a un mago, más bien para proteger a uno, pero no al de Oz, sino a un tipo que se parece mucho más a Houdini y se llama Russell Wilson, que está firmando una de las mejores temporadas de su carrera, si no la mejor.

Los Seattle Seahawks nos tienen desde hace unos años acostumbrados a protagonizar inicio lentos, a arrancar generando dudas para poco a poco ir disipándolas y con ese motor diésel, acabar tomando una velocidad de crucero que les convierte cada postemporada en un rival muy incómodo que nadie quiere tener enfrente. Esta temporada no ha sido una excepción, de hecho las primeras semanas fueron si cabe más preocupantes, las sensaciones eran pésimas en un ataque incapaz de acercarse al nivel de su defensa, con el problema central en un agujero negro en forma de la línea ofensiva que ofrecía cero seguridad a un Wilson al que se le agotaban los trucos para desvanecerse cuando la presión se filtraba por todas partes. Los diagnósticos más impacientes y agoreros les descartaban para todo a las primeras de cambio pero a pesar de ser muy palpables los defectos la realidad decía que apenas se dejaron pelo en la gatera en forma de dos derrotas más que asumibles tal y como pintaba el asunto.

Pero de manera natural y sustentados por la defensa que menos puntos encaja de la NFL, los Seahawks comenzaron a encontrar sensaciones, sacaron un par de partidos sufriendo y lograron una victoria de prestigio y decisiva ante los sorprendentes Rams. Y de repente todo parece empezar a funcionar, dos exhibiciones ofensivas ante Giants y –especialmente- ante Texans, liderato de división y un futuro muy halagüeño por delante.

Tanto que, la llegada, precisamente desde Houston, de un veterano de campanillas como Duane Brown para apuntalar la línea ofensiva, invita a pensar que Seattle está en disposición de discutirle a Philadelphia la supremacía de la Nacional, aunque desde luego no será fácil –los Eagles no dan muestras de flaqueza y además han reforzado su juego terrestre nada menos que con Ayayi.

Pero hay razones para la esperanza en Emerald City, la principal es por supuesto su defensa, una de las unidades más temibles de toda la NFL y eso que han tenido la terrible baja de Cliff Avril cuyo cuello veremos si le deja no sólo volver a jugar sino poder hacer vida normal –ojalá-. No es baladí la falta de Avril, ni en lo que al juego respecta ni en lo moral, hablamos de uno de los líderes de ese vestuario. Pero el bloque está superándolo todo, también los problemas físicos que Michael Bennett lleva arrastrando durante semanas, pero no todo son malas noticias, más bien al revés, la mejor de todas y lo digo rotundamente es la recuperación en todo su esplendor de Earl Thomas III. Lo digo sin ninguna duda, en mi opinión estamos hablando del mejor safety de la NFL de los últimos años, el más equilibrado, completo y decisivo –que le pregunten a Richard Sherman todo lo que le da-. Thomas es el termómetro de esta defensa, quien les da balance, carácter y seguridad, junto a Kam Chancellor forman probablemente la mejor pareja de safeties de la liga. Y no se acaban las buenas noticias para la ‘Legion of Boom’. Con un incombustible Richard Sherman haciendo su trabajo cubriendo su lado, ya eran varios años los que venían sufriendo en el lado débil sin encontrar una solución solvente. Esta situación es muy común en defensas con un cornerback al que temen los QBs, la dinámica es evitarle y buscar constantemente el lado contrario; un ejemplo muy sencillo pueden ser los Vikings donde Xavier Rhodes siembra el terror a los quarterbacks que miran una y otra vez a Trae Waynes y muchas veces encuentran lo que buscan. Eso mismo le venía sucediendo a Seattle pero parecen haber encontrado lo que estaban buscando en Shaquill Griffin. Tan convencidos están en la front office seahawk de que tienen un CB de garantías en este rookie que no han dudado en enviar a Jeremy Lane con un lacito rumbo a Houston.

Pero la defensa de Seattle no es sólo su secundaria, ni mucho menos, el front seven es tan temible o más. Bobby Wagner es todo lo que puedes buscar en un MLB y líder, efectivo por tierra y por aire, ya lideró la NFL en placajes la temporada pasada y este año no tiene ninguna pinta de bajar sus prestaciones. Si a esto le sumas a Sheldon Richardson en la línea ofensiva, el resultado es una defensa sin ningún tipo de agujero o vía de agua.

Sólo con esta defensa como argumento ya valdría para pensar en alcanzar los playoffs, pero si miras la temporada de Russell Wilson entonces ya tienes que empezar a pensar en algo muy grande. Varias veces ha batido este año su total de yardas de pase en un partido, alcanzando las 452 en el partido contra Houston, tiene el don de desvanecerse cuando los lobos vienen a cazarle (131.6 de rating bajo presión el pasado domingo, se dice pronto) y con las piernas sanas por primera vez en mucho tiempo, cada vez que improvisa pasan cosas muy buenas. Su sociedad con Doug Baldwin es cada día más firme, siendo su refugio cuando peor están las cosas y ahora que todo comienza a funcionar, Paul Richardson está apareciendo con fuerza y Tyler Lockett siempre está listo para liarla. Pintan bien las cosas.

En el debe sigue el eterno problema de no terminar de aprovechar a Jimmy Graham en todo su esplendor y conseguir que el juego de carrera sea fiable y produzca de manera contínua. Pero a pesar de esto, si Duane Brown da el salto de calidad que necesita la línea ofensiva, que es la que mayor presión por dropback permite de toda la NFL, y el juego sigue por dinámica de progresión que parece haber tomado las últimas semanas, sin duda la ilusión puede instalarse otra vez en la ciudad esmeralda. Aunque cuidado, porque si de verdad son capaces de colocarse en una situación de aspirar a algo grande, más le vale al equipo no repetir los tropiezos y despistes de años anteriores, porque para los Seahawks en los playoffs hay un asunto que marca completamente la diferencia: jugar en casa. Si son capaces de conseguir la ventaja de campo, entonces seguro que nadie va a querer tenerles enfrente y viajar al CenturyLink Field y vérsalas con la 12. Junto a Arrowhead, el Century es el más ensordecedor e incómodo campo para cualquier rival y si tienen esa ventaja local en la postemporada mucho ojito con ellos, que pueden aspirar a lo más alto.


Con todo esto no quiero decir que sean los favoritos indiscutibles ni que haya olvidado que la Conferencia Nacional está extremadamente igualada. No se me ocurriría descartar a Philadelphia porque creo totalmente en ellos, me han obligado. No desemerezco a un grupo importante que lidera Minnesota pero que cuenta con Rams, Cowboys, Saints… y puede que hasta Panthers si acaban de encontrarse a si mismos y Falcons si son capaces de quitarse de encima todas sus dudas (que de momento, no). Lo que digo es que los Seattle Seahawks pueden ser una alternativa muy real y un aspirante muy sólido si lo que vienen mostrando últimamente se convierte en una realidad y que pueden ser un rival muy peligroso para cualquiera. Yo les veo llegando muy lejos.

Iker Sagasti
@sagastiker


martes, 17 de octubre de 2017

¿A QUIÉN QUIERES MÁS, A PAPÁ O A MAMÁ?


Dime, ¿quién es mejor, Tom Brady o Aaron Rodgers? Esta dicotomía, que tantas pasiones levanta y que genera la que en los últimos tiempos se ha convertido en la discusión más encarnizada en torno a la parroquia de seguidores de la NFL, ha ido tan lejos que ha alcanzado la frontera del conmigo o contra mí, del fundamentalismo, de la peligrosa posesión de la verdad absoluta y negación de cualquier opinión contraria siendo capaz de negar los argumentos más plausibles y válidos si estos desmontan o ponen en duda mi teoría. Es lo que tiene la convivencia de dos dioses de este deporte, capaces de hacernos epatar convirtiendo milagro en costumbre y fabricando una legión de fervientes creyentes con una visión de túnel que en mi opinión desgraciadamente ha simplificado la discusión a dos argumentos tan reduccionistas y excluyentes como "Brady sólo gana por Belichick" y "Rodgers no ha ganado tanto como Brady". A quien necesite seguir en sus trece y refugiado en alguna de sendas trincheras, le aconsejo que deje de leer en este instante; siento decirle que este artículo no le va a interesar. Digo más, probablemente le va a enfadar. Y como esta opinión que pretendo expresar no va a satisfacer a fundamentalistas de ningún bando, ¿para qué llevarse un berrinche? Es mejor evitarlo, así que avisados quedáis.

Tom Brady
Siento mucho decir que entre Rodgers o Brady elijo a Rodgers y Brady. Que mientras muchos pierden su tiempo tratando de desmontar la excelencia del otro, yo procuro disfrutar de ambos. No porque me esfuerce en hacerlo, sino porque simplemente me pasa. Sinceramente, estoy muy cansado de aquellos que quieren arruinar el legado de Tom Brady apoyados en que "tiene a Belichick y un equipo mejor que los demás". Oiga, pues mire, algo habrá tenido que ver Brady en prácticamente dos décadas de excelencia y dominio de una liga que hasta entonces nadie había conseguido dominar de esa manera. Las cinco Super Bowls ganadas, las siete jugadas y las presencias en finales de Conferencia por muy genio que sea Bill Belichick -que lo es- no habrían sido posibles sin Tom Brady a los mandos de la nave; simplemente es así. Y cuando escucho a sus detractores a veces me da la sensación de que Brady para ellos es Trent Dilfer en los Ravens campeones. La sensación de que a Brady le han llevado en volandas, cuando es él precisamente el que ha liderado y sostenido. Ni que de un mero game manager estuviéramos hablando, por favor. Ni que ahora fuéramos a obviar que el bueno de Tommy ha trabajado como un mulo para crecer como jugador a pesar de sus evidentes carencias físicas y que su influjo en los éxitos patriotas fuera algo anecdótico. Este argumento en descargo de Rodgers parece que provoca que a Brady le hayan regalado lo que ha conseguido, cuando eso no es así en absoluto; él ha provocado que pase. Llevado a otro terreno, no creo que sea culpa de Tim Duncan haber caído en las manos de Gregg Popovich, sin el cual, seguramente, no habría logrado los éxitos que tiene y cuando se le considera el mejor ala-pívot de la historia de la NBA, algo que para mí es sin ningún género de duda, nadie aparece para decir "oiga usted, es que Karl Malone tenía una capacidad anotadora muy superior y si a Duncan le pones en otro equipo con otro entrenador y un papel en el que tuviera que asumir un rol más anotador no tendría lo que ha logrado, su condición tiene mucho que ver con un entrenador y un sistema grupal que le han favorecido". Pues evidentemente le han favorecido, como a Brady el de Belichick y los Pats, pero nadie pone en duda la condición de Duncan por esa circunstancia.

Lo cierto es que en todo esto existe un componente muy importante de odio hacia los Patriots. Entiendo que si no te gustan el tema es muy jodido. Los cabrones siempre ganan, arrasan, interceptan en la end zone con la final perdida, protagonizan la mayor remontada de la historia de la Super Bowl, tienen una flor en el culo, quien les desee lo peor la tiene que llevar muy adentro, porque siempre se salen con la suya y ya van cinco Super Bowls. Y además, Tom Brady es guapo y está casado con Gisele Bündchen; es como si estuviera diseñado para ser odiable. Pero si lo que te interesa es el deporte en sí, si te gusta el juego y estas cosas te dan bastante igual como es mi caso, te quedas con que juegan muy bien al fútbol americano y disfrutas viéndoles jugar. Pero lo peor en todo esto es que precisamente con los Patriots y este factor odio es con lo que más se ensucia y se pervierte la habitualmente agradable discusión NFL con la infecta y aburrida milonga del otro fútbol, el soccer, y sus discursos de barra de bar. Creando bandos, cayendo en discursos mediocres y recurriendo a acusaciones triviales. Prueben a alabar a Brady o a los Patriots en alguna retransmisión y verán la cantidad de etiquetas que les colocan, pregúntele al bueno de Andrea Zanoni las barbaridades que tiene que escuchar y leer cada vez que osa decir algo bueno de los de Boston.

Librándonos de esa morralla que nada aporta a un debate que puede disfrutarse de principio a fin si lo que hacemos es hablar del juego y más con dos monstruos como Aaron Rodgers y Tom Brady y yendo ahora al otro lado; sí, Aaron Rodgers no tiene tantos anillos como TB12, sólo tiene uno. Pero además tiene una magia, unas capacidades, un talento que quizás no hayamos visto jamás en la NFL. Sí, jamás. Este tipo convierte el agua en vino y multiplica panes y peces si de fútbol americano hablamos. No nos hace falta contar títulos con los dedos para apreciarlo. Pero a los que le afean su falta de resultados, yo les receto verle en acción y simplemente disfrutar de un jugador que es la epítome de lo mejor que tiene este deporte. Es inteligente, intuitivo, carismático, móvil, capaz de improvisar y se vuelve letal cuando peor parece que se ponen las cosas. Y luego está el carácter ganador... bueno en el carácter ganador creo que tanto Rodgers como Brady son todo lo que se puede pedir.

Aaron Rodgers
Para los que quieren elegir entre uno de los dos estamos en una época que realmente lo pone difícil porque mientras el 12 de los Packers está en un momento cumbre de su carrera, obrando algunas de las hazañas más impresionantes que nos puedan venir a la cabeza, el 12 de los Patriots no hace más que seguir ganando y con los 40 ya cumplidos te obliga a considerar si está en el mejor momento de su carrera; hay que poner en valor su capacidad de mantener en el tiempo tanta excelencia. Hace unos días, después del enésimo drive ganador de Rodgers, Rubén Ibeas e Iñako Díaz Guerra mantenían un debate sobre quién es mejor de los dos, a diferencia de lo que yo suelo estar acostumbrado a leer, con respeto el uno por el otro y con argumentos de peso. Entre ellos destacaba Iñako una realidad: que TB en casi dos décadas sólo ha tenido 3 WR Pro Bowlers, que uno de ellos fue Troy Brown y otro Randy Moss que duró apenas un año por Boston. Bueno, siendo así y sin obviar el detalle de que también ha tenido y tiene a Rob Gronkowski, que puede ser el mejor TE que haya jugado a este deporte... sí, pienso que Brady no ha tenido a un Donald Driver o sobre todo a un Jordy Nelson, pero honestamente opino que tanto Aaron Rodgers como Tom Brady tienen la virtud de hacer mejores a sus receptores. Pienso que es algo muy evidente, que su excelencia facilita la vida a los que buscan los balones que ellos mandan.

Voy un poco más allá y abro el abanico no limitándome a los receptores. Desde 2008, año en que Rodgers alcanzó la titularidad, son 19 los probowlers con los que ha jugado Rodgers: Clay Matthews, Charles Woodson, John Kuhn, Nick Collins, Josh Sitton, Greg Jennings, Chad Clifton, TJ Lang, Jeff Saturday, Scott Wells, Haha Clinton Dix, Sam Shields, Julius Peppers, Tramon Williams, Jordy Nelson, Eddie Lacy, David Bakhtiari, BJ Raji y Randall Cobb.  Por el otro lado, 18 compañeros de Brady han alcanzado el partido de las estrellas en ese lapso de tiempo: Matt Slater, Logan Mankins, Wes Welker, Vince Wilfork, Rob Gronkowski, Stephen Gostkowski, Matt Light, Jerod Mayo, Brandon Meryweather, Devin McCourty, Darrelle Revis, Jamie Collins, Brian Waters, Andre Carter, Aqib Talib, Malcom Butler, Donta Hightower y Chander Jones.

Aunque a priori parezca no haber muchas diferencias, New England ha tenido muchos más múltiples probowlers pero sobre todo en papeles más decisivos. Podemos convenir que en general, sobre todo en los últimos años, el supporting cast del que ha disfrutado Tom Brady es mejor y más completo que el de Rodgers. En gran medida generado, no adquirido y es aquí donde la mano de Belichick se nota sobremanera, pues ha creado muchas maravillas de la nada, mientras Mike McCarthy no tiene esa capacidad. Pero es de justicia decir que entre los que han sido los objetivos de los balones que lanzan TB y AR -salvando el año de Moss- no ha habido Julios Jones, Megatrones ni Antonios Browns. Con una excepción: Brady ha tenido a Gronk y Gronk sí es un jugador de otro mundo. 

Esa discusión entre Rubén e Iñako empezó después del drive ganador de Green Bay en Dallas, otro suicidio de Jason Garrett en forma de un minuto en el crono para disfrute de Rodgers, bueno para que nos haga disfrutar con él. Lo cierto es que viendo después 'El drive de la semana' que nos regaló Marco Álvarez y que sacó las vergüenzas a la defensa de Dallas, vamos a decir que los constantes errores de la zaga de los Boys pusieron de su parte, pero si un especialista hay en encontrar esas rendijas ese es Aaron Rodgers. Bueno, uno... Tom Brady sumó el drive ganador número 50 de su carrera alguna fecha antes ante Houston, que no es ninguna broma.

No sé si también os pasa, pero a mí cada vez que veo alguna de estas exhibiciones de cualquiera de los dos se me pasa por la cabeza "este tío es el mejor, es un mito, es una leyenda" y me pega un subidón muy grande porque me maravilla poder ser testigo de ello. Pero lo que seguro no me pasa es que en ese momento de catarsis me ponga a pesar "¡Pero cómo pueden decir que Brady/Rodgers es mejor que él!, qué va”. Sucede que los dos son algo extraordinario, que es probable que Aaron Rodgers sea el mejor jugador del planeta en este momento, más físico, con más talento, mayor capacidad de improvisación y capacidad de hacer magia; quizás sí –lástima de clavícula rota que nos va a privar de esto durante un tiempo-. Y es probable que Brady haya sumado a su ya de por sí inmenso talento y carácter, esa mezcla de suerte y ayuda que también es muy necesaria para convertirte en el mejor de todos los tiempos. Yo lo veo así, pero si me dais argumentos para defender a alguno de ellos en el otro sentido es muy probable que vuestros argumentos me parezcan válidos. Pero no contéis conmigo para denostar al otro porque os guste uno más, porque a mí me vuelven loco los dos y si tengo que elegir entre papá y mamá no voy a saber por quién decantarme. No contéis conmigo para menospreciar a ninguno de ellos, estaré ocupado disfrutando de los que quizá son los dos QBs que más me han hecho disfrutar de este deporte. Y me siento afortunado de poder ver a ambos cada fin de semana. Os invito a hacer lo mismo.

Iker Sagasti
@sagastiker